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Agua que sana |
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 Los spa son lugares reconocidos por sus beneficios curativos y relajantes. Breve historia de estos espacios maravillosos.
Quien piense que los spa son uno de los tantos inventos que trajo la modernidad, está muy equivocado. Si hay algo que se ha mantenido en todas las culturas durante miles de años, son precisamente estos espacios destinados a tratamientos curativos y a la relajación.
Origen
Está comprobado que el término spa viene del latín y se remonta al Imperio Romano. Desde entonces, se creía que viajar a lugares conocidos por sus beneficios medicinales ayudaba a curar aflicciones. En Inglaterra, por ejemplo, el destino elegido por los romanos era la ciudad de Bath, conocida por sus balnearios y manantiales con aguas curativas; en lo que hoy conocemos como Bélgica el destino predilecto era la ciudad de Spa –se dice que a ella se le debe el nombre–, otro lugar favorecido por sus fuentes naturales.
Con el tiempo, los romanos y los griegos comenzaron a construir edificaciones. En ellos se vieron las primeros tinas, lavabos para pies y baños de vapor. La decoración estaba, en su mayoría, compuesta por azulejos y repisas hechas de cemento, un descubrimiento nuevo para la época. Pronto se convirtieron en espacios sociales donde la gente iba a conversar y pasar un buen rato mientras se aseaba.
A medida que el Imperio Romano se expandió, también lo hizo la popularidad de los baños por todo el Mediterráneo. Los spa comenzaron a ser cada vez más comunes hasta que, en el siglo XVII, el Diccionario de Oxford, en inglés, lo acuñó como un término general pata todo balneario o establecimiento termal. También hay muchos estudiosos que sugieren que es un acrónimo de las iniciales del latín Salutem Per Aquam (“salud a través del agua”).
El agua y el ‘spa’
Hay algo que muchos ignoran y es que, por regla general, un spa debe contar con ciertas terapias con agua. Estas pueden ser por medio de tinas, saunas, jacuzzi o piscinas con hidromasajes. A diferencia de los primeros, en los centros modernos no es necesario que el agua provenga de una fuente natural.
Con el tiempo, esta práctica se ha ido ampliando a otros tratamientos como la aromaterapia, los masajes para relajarse o para adelgazar. También en muchos lugares se ofrecen procedimientos más alternativos, como reiki o acupuntura.
Los beneficios
Ir a un spa tiene ventajas que son bastante obvias, como que ayuda a relajarse y, por ende, reduce el estrés. Esta es una de las razones principales por la que un gran porcentaje de personas acude a estos centros. Sin embargo, hay varios motivos más por los cuales es bueno ir a uno de vez en cuando. Por ejemplo, algunos conocedores recomiendan que personas que sufren de insomnio intenten ir a un baño con hidromasajes hacía el final de la tarde o lo más cerca posible a la hora de irse a dormir. Aquellos que han sufrido lesiones musculares, encontrarán en una sesión de masajes la cura perfecta para ese dolor. También las personas que sufren de diabetes o artritis deberían acercarse a uno. En el primer caso, dicen los expertos que los baños en spa tienen efectos similares a los del ejercicio físico. Así, pacientes que tomen seis baños de media hora a la semana reducirán 13% de azúcar en la sangre. En el segundo caso, los médicos recomiendan baños regulares en una piscina de agua templada para conseguir más flexibilidad y fuerza en los músculos.
Fuente: revistafucsia
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